Cada vez que el gas natural fluye por las profundidades del Mediterráneo, bajo el pretexto de garantizar la seguridad energética de Europa, en la superficie la historia resulta diferente. La realidad actual demuestra que la energía hoy se utiliza como un arma arrojadiza, desde Argel hasta Rabat. ¿Por qué razón se construyen o se bloquean estas gigantescas infraestructuras? El tablero internacional ha decidido resignificar estas infraestructuras en los últimos años y ver en su lugar auténticas herramientas de presión diplomática, cordones de seguridad nacional o castigos económicos. Mientras tanto, trazados clave como el gasoducto Magreb-Europa han dejado de bombear gas desde 2021 por el conflicto del Sáhara Occidental y la ruptura de relaciones entre Argelia y Marruecos. ¿Qué tienen estos corredores energéticos para despertar tantas lecturas opuestas? La respuesta no está solo en los hidrocarburos, sino en la geopolítica. Es decir, lo que importa no es el suministro de gas en sí, sino el poder estratégico que los Estados le dan para construir una influencia regional propia o asfixiar a su vecino. En el mapa «El gas argelino a Europa» se pueden observar las tres grandes arterias de gas históricas, las bloqueadas, y los proyectos que prometen cambiar el tablero actual, tales como el gasoducto Nigeria-Marruecos.